Sepsis, visibilización y propuestas

Sepsis: la emergencia silenciosa que México debe nombrar, medir y prevenir para salvar vidas evitables.

"Lo primero que debe hacer un hospital es no dañar al enfermo.Florence Nightingale

Por Éctor Jaime Ramírez Barba

Hace unos días participé, como médico y legislador mexicano, en el 6º Congreso Mundial de Sepsis, un encuentro que reunió a expertos, pacientes y tomadores de decisiones de todos los continentes para discutir cómo evitar muertes prevenibles por esta condición. A mi regreso, me parece urgente acercar este debate a los lectores de El Economista, porque lo que ahí discutimos no es un problema lejano: es una realidad cotidiana en los hospitales de México.

Empecemos por lo básico: ¿qué es la sepsis? La sepsis es una reacción extrema del organismo ante una infección. Casi siempre comienza con algo que suena familiar: una neumonía, una infección urinaria, una infección abdominal, una complicación del embarazo o una infección en un recién nacido. Cuando esas infecciones no se detectan ni se tratan a tiempo, el sistema de defensa del cuerpo se descontrola, la inflamación se vuelve generalizada y empieza a dañar órganos vitales: pulmones, riñones, corazón, cerebro. Si no se actúa con rapidez, la presión arterial cae, los órganos dejan de funcionar y el paciente puede morir. A ese estado grave lo llamamos “choque séptico”.

En palabras simples: la sepsis ocurre cuando una infección “enciende un incendio” dentro del cuerpo y el fuego se sale de control. No es algo raro ni exótico: puede ocurrir en cualquier persona, pero es especialmente frecuente y peligrosa en recién nacidos, mujeres embarazadas o en el posparto, personas mayores y pacientes con enfermedades crónicas.

En el Congreso Mundial de Sepsis, donde tuve el honor de participar en un panel sobre mujeres, niños y familias, se insistió en una idea clave: la sepsis no es solo un problema médico; es un síntoma del desempeño de todo el sistema de salud. Cuando una mujer con fiebre después del parto recorre varios hospitales sin ser atendida, cuando un recién nacido adquiere una infección grave dentro de una unidad de cuidados neonatales o cuando un niño con fiebre y dificultad para respirar llega demasiado tarde a urgencias, lo que falla no es solo una decisión individual, sino la suma de muchas omisiones: prevención insuficiente, servicios saturados, falta de insumos, protocolos que no se aplican, datos que no se registran.

En México, aunque las cifras son fragmentarias, lo que sabemos preocupa. Diversos hospitales públicos de referencia han documentado que la sepsis es una de las principales causas de enfermedad grave y muerte en recién nacidos, y que contribuye de manera importante a la mortalidad materna. En algunos centros, ya se le reconoce como la tercera causa de muerte neonatal. Además, cada vez vemos más infecciones causadas por bacterias resistentes a los antibióticos habituales, lo que vuelve el tratamiento más difícil y costoso.

Esta realidad tiene un impacto directo en las familias y la economía. Una sepsis no solo pone en riesgo la vida, sino que también puede dejar secuelas permanentes, obliga a largas estancias hospitalarias y genera gastos que muchas familias no pueden asumir. Desde la perspectiva macroeconómica, implica días de trabajo perdidos, pensiones por invalidez, incremento del gasto público en salud y presión adicional sobre sistemas que ya operan al límite.

La gran pregunta es: si la sepsis es tan grave, ¿por qué casi no aparece en el debate público? En los informes oficiales suele esconderse bajo nombres más conocidos (“neumonía”, “complicaciones del embarazo”, “infección generalizada”). En las discusiones presupuestales hablamos de hospitales, plazas y obras, pero rara vez de fortalecer los laboratorios clínicos, los esquemas de vacunación, los programas de prevención de infecciones hospitalarias o la capacitación específica para reconocer y tratar a tiempo la sepsis.

No todo son malas noticias. Nuestro país ha dado pasos relevantes: se han establecido acciones obligatorias de seguridad del paciente, hay hospitales que han logrado reducir las infecciones del torrente sanguíneo mediante protocolos estrictos de higiene y manejo de dispositivos, y se ha avanzado en estrategias para usar mejor los antibióticos. Sin embargo, estos esfuerzos siguen siendo parciales y, sobre todo, poco visibles para la ciudadanía.

¿Qué habría que hacer para que lo discutido en el Congreso Mundial de Sepsis se traduzca en cambios concretos en México? Primero, nombrar el problema. La sepsis debe figurar explícitamente en nuestras leyes, normas y planes nacionales de salud. Lo que no se nombra no se mide, y lo que no se mide no se gobierna. Incluir metas específicas para reducir la sepsis materna y neonatal en los programas sectoriales sería un buen inicio.

Segundo, integrar la sepsis en agendas ya prioritarias. No se trata de crear un nuevo “programa de sepsis” con más burocracia, sino de incorporar acciones claras de prevención y manejo en las políticas de salud materna, perinatal, pediátrica y de control de infecciones. Vacunar, garantizar un parto seguro, vigilar la higiene hospitalaria y usar bien los antibióticos son medidas que salvan vidas frente a la sepsis sin requerir inventar la rueda.

Tercero, invertir con inteligencia. La lucha contra la sepsis no se gana solo con grandes hospitales de alta especialidad, sino con muchas decisiones pequeñas: contar con personal suficiente en urgencias, disponer de antibióticos eficaces, contar con laboratorios capaces de identificar a tiempo las bacterias responsables, asegurar oxígeno y equipo básico en hospitales generales y entrenar a los equipos para reconocer la sepsis en sus primeras horas.

Cuarto, exigir cuentas. El Congreso, los órganos de control y la sociedad tienen derecho a saber cuántas personas mueren por sepsis, en qué condiciones y qué se está haciendo para evitarlo. Informes periódicos, indicadores públicos y evaluaciones independientes no son un lujo tecnocrático: son herramientas para salvar vidas.

En el Congreso Mundial de Sepsis, una frase quedó resonando: “La sepsis revela quién cuenta y quién no en un sistema de salud”. En México, la probabilidad de sobrevivir a una sepsis todavía depende demasiado del lugar de nacimiento, del ingreso familiar y del tipo de cobertura. Aceptar esa realidad sería renunciar a la idea misma de la justicia sanitaria.

 

Traer este debate a las páginas de un periódico económico no es un desvío, es ir a la raíz. Un país que tolera muertes evitables por infecciones tratables difícilmente podrá aspirar a un desarrollo sostenible, a una fuerza laboral sana y a finanzas públicas sólidas. Poner la sepsis en la agenda es, en el fondo, una decisión sobre qué tan en serio nos tomamos la vida y la dignidad de las personas, especialmente de las más vulnerables.

 

Referencias

[1] https://www.worldsepsiscongress.org/

 

Éctor Jaime Ramírez Barba (www.ectorjaime.mx) es médico especialista en cirugía general, certificado en salud pública, con doctorado en ciencias de la salud y en administración pública. Es legislador y defensor de la salud pública de México, diputado reelecto del grupo parlamentario del PAN en la LXVI Legislatura y presidente del Capítulo de América Latina y el Caribe de UNITE Parliamentarians Network for Global Health.

Dr. Éctor Jaime Ramírez Barba April 28, 2026
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