Vacunas que producen autismo, retractación científica

Cómo las retractaciones científicas, desde el caso Wakefield hasta la experiencia mexicana, impactan la confianza en las vacunas, la práctica clínica y las políticas públicas de salud.

"Lo importante es no dejar de hacerse preguntas" Albert Einstein

Pocos ejemplos ilustran mejor el impacto humano de la mala conducta científica que el famoso estudio de Andrew Wakefield, publicado en The Lancet en 1998, que sugería un vínculo entre la vacuna triple viral (Sarampión, Rubeola y Parotiditis) y el autismo. Años después se demostró que el trabajo se basó en manipulación de datos, conflictos de interés no declarados y violaciones éticas graves en el trato a los niños; el artículo fue finalmente retractado en 2010 y Wakefield perdió su licencia médica.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho: la caída en las coberturas de vacunación y el auge del movimiento antivacunas se asocian con brotes de sarampión y otras enfermedades prevenibles, con hospitalizaciones y muertes que, de no mediar esa falsificación, quizá no habrían ocurrido. Este caso se cita hoy como ejemplo paradigmático de cómo una retractación tardía no basta para contener el impacto social de la desinformación científica, sobre todo cuando los medios amplifican la “sensación” inicial, pero apenas cubren el desmentido posterior.

Una retractación en la ciencia es como si tu encuentras utilizan un libro de recetas para cocinar bien, y tiempo después el chef (autor) dijera: "Les anuncio que esa receta que publiqué antes tenía un error grave o era falsa, no la sigan usando porque puede salir mal". En términos simples, una retractación es cuando una revista científica retira oficialmente un artículo ya publicado porque no cumple con los estándares de calidad o ética. No se borra el artículo del todo —se deja ahí, pero con una etiqueta clara que explica por qué ya no se puede confiar en él—. Esto pasa para proteger a otros científicos, médicos y al público de basarse en información equivocada, como datos falsos o experimentos mal hechos.

El fenómeno de las retractaciones científicas no es un problema aislado de México, sino un síntoma global de tensiones profundas en la forma en que se produce, evalúa y comunica el conocimiento. El estudio sobre retractaciones con autores de correspondencia mexicanos recien publicado por la doctora Karina Ordoñez-Torres y colaboradores hace unos días titulado "Lo que las retractaciones nos dicen sobre la integridad de la investigación en la academia mexicana" muestra un microscopio sobre nuestras propias debilidades, pero al mismo tiempo dialoga con casos emblemáticos internacionales y con una masa creciente de artículos que han debido ser retirados de bases como PubMed y de la literatura biomédica en general.

A escala mundial, la base de datos de "Retraction Watch" registra ya cerca de 55 mil retractaciones, reflejando un aumento sostenido en todas las disciplinas. Análisis recientes estiman que solo en 2023 se superaron las 10 mil retractaciones en un año, con picos en países de alta producción científica, pero también en economías emergentes donde convergen presión por publicar y débiles controles institucionales.

El análisis de los 55 artículos retractados estudiados por la Dra. Karina Ordoñez con autores de correspondencia mexicanos muestra patrones que dialogan directamente con esta crisis global. Entre los motivos dominantes están los problemas con datos y resultados poco fiables, la duplicación o manipulación de imágenes, y el plagio, todos ellos también frecuentes en las grandes series internacionales de retractaciones.

Llama la atención que, al igual que en otros países, un pequeño grupo de investigadores mexicanos concentra múltiples retractaciones, lo que sugiere patrones repetidos de conducta y no solo “errores aislados”. A ello se suma un problema que comparten México y la literatura internacional: la inconsistencia con que las bases de datos marcan los artículos retractados, lo que permite que sigan siendo citados y usados en revisiones sistemáticas, guías clínicas y metaanálisis, alimentando un “residuo tóxico” de evidencia desacreditada.

La lección que dejan tanto el caso Wakefield como los datos nacionales es clara: las retractaciones no son solo un trámite editorial, son un asunto de salud pública, política científica y confianza ciudadana. Cuando la sociedad percibe que la ciencia se corrige de manera opaca, lenta o selectiva, aumenta el espacio para el populismo sanitario, las teorías conspirativas y la desconfianza hacia vacunas, medicamentos, lineamientos de emergencia y recomendaciones de expertos.

Por ello, el estudio sobre México propone medidas que son plenamente congruentes con las agendas internacionales: fortalecer la educación formal en integridad científica, crear oficinas y políticas nacionales claras, mejorar la transparencia y trazabilidad de las retractaciones, y construir una base de datos pública que permita conocer qué se retractó, por qué y con qué consecuencias. Solo con reglas claras, vigilancia efectiva y cultura de integridad se podrá reducir la distancia entre lo que debería retractarse y lo que realmente se corrige, protegiendo así no solo la reputación de la ciencia mexicana, sino —sobre todo— la vida y la confianza de las personas que dependen de ella.

Dr. Éctor Jaime Ramírez Barba November 29, 2025
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