¿Y si nos quedamos sin salud, qué?

Cuando el desabasto, la desconfianza y la indiferencia se normalizan, defender el derecho a la salud se convierte en una responsabilidad ciudadana.

"El Silencio también Gobierna"

 

Hace unos días, Luis Cárdenas planteaba desde esta misma tribuna una pregunta que me quedó dando vueltas en la cabeza: “¿Y si nos censuran, qué?”. Su diagnóstico era escalofriante no por alarmista, sino por certero: "los periodistas nos hemos encerrado en una caja de resonancia donde hablamos para nosotros mismos, mientras la audiencia—fatigada, desconfiada y distraída—nos da la espalda". Cárdenas advertía que el verdadero peligro no es el autoritarismo en sí, sino la indiferencia ciudadana que lo hace posible. Que si mañana apagan los micrófonos, quizá nadie salga a defenderlos.

 

Al leerlo, no pude evitar trasladar su angustia a mi propio terreno. Porque si esa pregunta aplica al periodismo, aplica con la misma crudeza al sistema de salud: ¿Y si nos quedamos sin salud, qué?

 

Los médicos, los legisladores y quienes escribimos sobre el sector sanitario también nos debemos al público, no a los intereses de partido. Pero igual que en los medios, aquí el ruido de la coyuntura—las conferencias matutinas, los informes triunfalistas, las pugnas burocráticas—ha terminado por opacar la meta final: salvar vidas. 

 

Y, como en el periodismo, la pérdida de confianza es devastadora. Si el Digital News Report documenta que sólo el 36% de los mexicanos confía en las noticias, en salud la desconfianza es aún más cruel: la gente ya no cree en las cifras oficiales de abasto, en las listas de espera ni en las promesas de cobertura universal. Seis de cada diez prefieren buscar remedios en redes sociales o preguntarle al vecino antes que ir a las unidades médicas.
 
Cárdenas decía que los periodistas nos estamos convirtiendo en nuestra propia audiencia. En salud, el símil es exacto: los funcionarios sanitarios y los expertos discutimos entre nosotros, en foros cerrados y boletines técnicos, mientras las familias en los hospitales urbanos y los escasos rurales —que son nuestra verdadera audiencia— nos han dejado de escuchar porque ya no les hablamos en su idioma. La censura que él teme, aquí se llama normalización del desabasto: ese efecto sutil y sistemático que nos acostumbra a ver vacías las farmacias de los hospitales, igual que su “apretar poco a poco” reduce la programación noticiosa a meros boletines.

 

Ahí radica la utilidad de mi libro titulado "Crónicas de Salud y Política: desde la curul 083" que presentaré el próximo viernes 21 de agosto a las 18:00 horas en el Teatro Jorge Ibarguengoitia del Forum Cultural, aquí en León, y de estas columnas. No son ejercicios de vanidad literaria, sino un intento—quizá terco—de romper esa caja de resonancia. He documentado cada recorte presupuestal, cada desabasto y cada muerte evitable como quien toma una fotografía de la realidad, porque estoy convencido de que un pueblo informado es un pueblo con herramientas para exigir. Así como Cárdenas propone reconquistar a la audiencia explicando por qué algo importa, yo he querido traducir el lenguaje tecnocrático de los expedientes oficiales en crónicas que duelan y que muevan: contar que un niño sin quimioterapia no es un número, y que una persona con diabetes sin insulina no es una estadística.

 

Pero también comparto su pregunta teleológica: si el colapso se consuma y los hospitales se vacían del todo, ¿saldrá alguien a reclamar? ¿O la sociedad, ya tan lastimada y cansada, asumirá que la mala salud es su destino inevitable? La respuesta que ambos vislumbramos es desalentadora: quizá no. Y esa —no la negligencia de los gobernantes— es la verdadera emergencia nacional.
 
El poder no necesita decretar una ley para que nos quedemos sin salud; le basta con que la apatía nos vuelva sordos al deterioro. Por eso, igual que él llama a trabajar para la gente y no para una clase política decadente, yo convoco a la sociedad a hacer suyo el derecho a la salud. Que lo defienda porque lo necesita. Un sistema que la gente vigila y exige no se desmorona fácilmente. El que nadie extraña—como el periodismo que se apaga solo—, el que nadie reclama, ese colapso se consuma en absoluto silencio.

 

Y de ese silencio, como bien escribió Luis Cárdenas, no podremos culpar al poder. Lo habremos firmado nosotros, con nuestra indiferencia. No permitamos que la historia de la salud en México sea eso: un expediente cerrado sin que nadie haya alzado la voz. Documentemos, informemos y exijamos. Porque la salud no es un favor; es un derecho que sólo vive si nosotros lo mantenemos con vida.
 
Estimadas y estimados lectores, los invito a la presentación. Participarán como panelistas María Beatriz Pagés Llergo Rebollar (Revista Siempre), Maribel Ramírez Coronel (El Economista), Antonio Lascuráin Huerta (AM), Julio Castillo López (Fundación Rafael Preciado) y Francisco Javier Domínguez Garibaldi (Universidad La Salle Bajío). ¡Los espero!
Dr. Éctor Jaime Ramírez Barba 8 de agosto de 2026
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