México ante la nueva Ola de Medicina del Futuro

Ensayos clínicos que pueden transformar la salud en México: del laboratorio a la vida cotidiana

De nada sirve saber, si no se transforma en acciónVíctor Hugo

La investigación médica entra a 2026 con una serie de estudios que pueden cambiar la forma en que prevenimos infecciones, tratamos el cáncer y las enfermedades del corazón y enfrentamos el envejecimiento y los padecimientos autoinmunes. Para México, el reto no es mirar estos avances desde lejos, sino aprovechar la infraestructura que ya existe para acercarlos a las personas y no quedarnos rezagados.

Un análisis reciente de la revista Nature Medicine destaca ensayos clínicos que podrían marcar un antes y un después en la medicina, desde nuevas vacunas contra la tuberculosis hasta terapias con células y genes para distintos tipos de cáncer y enfermedades neurológicas. Vistos desde México, también son una brújula que señala hacia dónde deberían moverse nuestro sistema de salud, nuestras universidades y nuestros centros de investigación.

Uno de los estudios más prometedores prueba una nueva vacuna contra la tuberculosis llamada M72, pensada para corregir las limitaciones de la vacuna BCG tradicional, cuya protección se debilita en jóvenes y adultos, justo quienes más transmiten la enfermedad. En un estudio previo, esta vacuna redujo a la mitad el riesgo de desarrollar tuberculosis pulmonar en personas ya infectadas, algo que no se había logrado en casi un siglo.

También hay avances para las enfermedades del corazón. Un medicamento llamado ziltivekimab busca reducir la inflamación que favorece los infartos y los eventos cardiovasculares graves, en personas con colesterol controlado pero con inflamación persistente. Tres grandes estudios internacionales analizarán si, al bloquear esta vía inflamatoria, se reducen infartos, hospitalizaciones por insuficiencia cardiaca y complicaciones después de un evento agudo.

Otro fármaco en investigación, pelacarsen, está diseñado para disminuir una partícula de colesterol poco conocida por el público: la lipoproteína Lp(a), estrechamente relacionada con infarto y embolia cerebral. En estudios iniciales, este medicamento logró bajar casi 80% los niveles de esta partícula, y ahora se evalúa en un ensayo con alrededor de siete mil participantes para saber si con ello se evitan muertes y eventos cardiovasculares mayores.

Para el cáncer de mama metastásico, otro estudio combina una inmunoterapia celular con un fármaco que despierta al sistema inmune, en pacientes que ya han recibido múltiples tratamientos, incluso con metástasis en el cerebro. El objetivo no es sólo alargar la vida, sino mejorarla, reduciendo síntomas y controlando las lesiones en el sistema nervioso central.

Las terapias avanzadas empiezan a ofrecer opciones para enfermedades neurológicas sin solución clara. El protocolo NEST aplica células madre tomadas de la médula ósea del propio paciente por vena y por vía nasal, con la idea de que lleguen al cerebro y reparen tejido en padecimientos como Alzheimer, Parkinson, esclerosis lateral amiotrófica, secuelas de infarto cerebral y esclerosis múltiple. En varias personas se han observado mejorías que antes parecían impensables para estos diagnósticos.

Mientras estos proyectos avanzan en África, Europa, Norteamérica y Asia, México se está convirtiendo en un lugar clave para la investigación clínica, gracias a su red de hospitales, su marco regulatorio alineado con estándares internacionales y sus costos competitivos. La agencia reguladora, COFEPRIS, forma parte del Consejo Internacional para la Armonización, lo que facilita que los datos generados en el país se tomen en cuenta en Estados Unidos, Europa y Japón.

Nuestro país cuenta con una amplia red de hospitales públicos como el IMSS, ISSSTE y los servicios estatales de salud, además de instituciones privadas y universidades con capacidad para participar en estudios desde fases tempranas hasta finales. Comités de ética y de investigación registrados, así como un mercado de investigación clínica que ya supera los 300 millones de dólares y podría duplicarse hacia 2033, muestran el potencial de crecimiento.

Para que las vacunas, las terapias génicas y las inmunoterapias celulares no lleguen a México con años de retraso, es necesario dejar de ser sólo invitados y convertirnos en socios que diseñan y conducen estos estudios. Eso implica invertir en unidades de investigación dentro de hospitales públicos, en laboratorios modernos y en sistemas de información que permitan dar seguimiento a los pacientes a largo plazo.

También se requiere consolidar los esfuerzos de COFEPRIS para agilizar y digitalizar los trámites, ofreciendo tiempos de respuesta claros sin comprometer la ética ni la seguridad de las personas. Reconocer la investigación clínica como parte esencial de la infraestructura del sistema de salud es clave, porque en estos estudios se decide cuándo y cómo tendremos acceso a los tratamientos que están redefiniendo el futuro de la medicina.

Por último estimados lectores, envio desde esta columna a todas las enfermeras y todos los enfermeros de México, que el próximo martes 6 de febrero celebran su día, mi reconocimiento profundo a su entrega silenciosa, su calidez y su ética, que son el corazón que mantiene latiendo a nuestro sistema de salud.

Dr. Éctor Jaime Ramírez Barba 3 de enero de 2026
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